Cuatro lágrimas en un miércoles memorable

03/07/2008 | por admin [mail] | Categorías: Política

Este miércoles 2 de julio fue un día muy especial para todos los ecuatorianos y seguramente quedará grabado en la historia contemporánea. Un día que marcó dos elementos informativos decisivos y que fueron vividos y asimilados de manera diferente.

La gran mayoría de ecuatorianos despertamos tensionados por lo que podría suceder en el partido de la noche en el Maracaná, allí se jugaba gran parte de la historia de club que nació hace 78 años y que recién ahora ha logrado erigirse como el mejor del Continente americano.

Mientras pasaban las horas, la tensión se volvía más evidente. Personas que iban y venían, que realizaban sus tareas desde muy temprano para dejar el tiempo suficiente y concentrarse en el partido más importante para el fútbol ecuatoriano en toda su historia.

En la tarde mientras almorzaba y estaba pendiente del curso del compromiso entre Fluminense y Liga, la prensa informó en directo del primer gran acontecimiento del día: el rescate de Ingrid Betancourt y otros secuestrados por las Farc.

No lo podía creer, es más hasta ahora no creo en el operativo tan perfecto montado por las fuerzas armadas colombianas que liberaron a un ícono de la mujer colombiana, de la política de ese país y por supuesto de la lucha en contra del secuestro.

A medida que pasaba la tarde, la gran mayoría de ecuatorianos estábamos concentrados en lo que sucedía con Ingrid Betancourt, nos emocionó de sobremanera hasta las lágrimas, al ver ese eterno abrazo con su madre, Yolanda Pulecio. Se me fueron un par de lágrimas cuando miré esa imagen.

Y me olvidé del partido, no tenía noción de que lo iba a suceder en la noche, fue tanta la descarga emocional que sentí un inmenso alivio cuando Ingrid terminó de hablar y agradecer a todos por haber contribuido a este acontecimiento que también quedará grabado en los anales de la historia mundial.

A partir de las 18h30, cuando revisaba informaciones relacionadas con el tema de Ingrid, volví a la realidad y me dí cuenta que en pocos minutos más, Liga de Quito se jugaría el partido más importante. Puse un alto a la redacción de Confirmado.net y salí a mirar el partido en un restaurante de la capital.

Acompañado por una mujer muy especial en mi vida, comencé a disfrutar el partido ante decenas de hinchas que colmaron el local. Por momentos se me venían a la mente recuerdos de la final del 98 que tuve la fortuna de narrar para La Voz de los Andes, entre Barcelona y Vasco da Gama.

Ahora la situación era diferente, pese a que no soy hincha de Liga, viví como uno más de ellos. Como buen riobambeño soy hincha del Olmedo y en Quito, la ciudad que me cobijó, soy partidario de El Nacional.

Como muchos grité el primer gol del “chucho” Bolaños y pese a la ofensiva brasileña que se tradujo en tres goles más, nunca perdí la fe y estaba convencido de que llegaría el título para el fútbol ecuatoriano.

Cuando terminaron los 90 salimos raudos del restaurante para mirar los suplementarios y penales en el departamento. Allí, sin gritos de los hinchas, caminando de un lado al otro, con nervios propios de una final, miré los minutos decisivos.

En la lotería de los penales, los ojos se clavaron en José Francisco Cevallos, el gran héroe de la noche, el gran constructor de esta nueva etapa para el fútbol ecuatoriano. El ejecutor del título.

Llegó el penal para Washington y otra vez Cevallos, esta fue la definitiva, su acción valió el título. En ese momento uno no sabe si reír o llorar, uno no sabe que hacer, lancé un grito reprimido en el pecho por el Ecuador, este hermoso país que tanto nos da, aunque otros nos quieran quitar.

Liga campeón, Ecuador en lo alto, grande Cevallos, fueron los titulares que ensayaba para la crónica en Confirmado.net. Al final puse un titular obvio, pero significativo, Liga campeón de la Copa Libertadores de América, …(que buen titular, …. me consagré)…

Luego de una copa de vino a descansar, en mi mente dos acontecimientos, cuatro lágrimas salieron de los ojos: dos por Ingrid y dos por la Liga. De pronto empataron en emotividad los dos eventos, ambos decisivos y consagratorios. Ambos cambiarán la historia y quedarán grabados por siempre en aquel 2 de julio.

Marco Antonio Bravo Segovia

TODO LO QUE TENGO ES MI CIUDAD

22.05.08 | by admin [mail] | Categories: Welcome, Política

Cuando joven aún, en mi ciudad natal, la “Muy Noble y Muy Leal, San Pedro de Riobamba”, escuchaba con mucho detenimiento la música latinoamericana, en ese tiempo se identificaba más como folclórica, sonaban ya Inti Illimani, Quilapayún, Silvio, Pablo y uno especial que era el chileno (temucano), Tito Fernández.

Yo me identificaba con esa música, durante los últimos años del colegio (Salesianos) con unos amigos ya comenzábamos a charlar sobre las “injusticias” de la sociedad, ya comenzamos a conocer al Che, a nuestro líder natural, Leonidas Proaño y a comentar de las andanzas de los Alfaro que justamente ya eran combatidos por el gobierno de León Febres Cordero.

Había un tema que me pegó mucho y que siempre lo recuerdo porque me identificaba con gran parte de su letra. El título de la canción es “Todo lo que tengo es mi ciudad”,

“Todo lo que tengo es mi ciudad,
con su gente que viene, con su niño que va,
con su rara tristeza, con su eterno pasar,
con su olor agrio, y dulce, a media humanidad.

Todo lo que tengo es mi ciudad,
con su calle y su música de ciegos,
tal vez arrepentirse y suspirar
por un día, por un beso, por toda esta verdad
que te cala los huesos mañana, al despertar”.

Salía a caminar por las calles de ciudad, uno podía mirar a la gente de frente, esa gente que no es escondía, uno pasaba por las plazas y mercados y veía todo natural a las personas trabajando, a los vendedores ofreciendo sus camisetas, pantalones, camisas, zapatos, junto a los otros, a los llamados organizados que tenían sus tiendas junto a las veredas repletas de ambulantes.

Todo era normal, a la autoridad en ese tiempo, ni recuerdo quien manejaba la ciudad, no se le ocurría sacar a los policías metropolitanos para que “limpien” la ciudad de aquellos que la afean. Tampoco miré los decomisos de productos de los ambulantes que con mucho esfuerzo y sacrificio atesoran porque es parte de su inventario de vida, de su pasaporte al pan de cada día.

Ya han pasado muchos años, he vuelto a mi ciudad y he visto lo mismo, alrededor de las plazas y mercados, alrededor de algunas iglesias he visto como los “organizados o legales y los ambulantes o ilegales” comparten una vereda, un reducido espacio físico para tratar de vender su producto, para disputarse al comprador que busca siempre un mejor precio para lo que busca. (He visto solidaridad pese a todo)

Por eso me identificó con la canción del temucano “Todo lo que tengo es mi ciudad”, porque allí si pude ver solidaridad y cierta equidad.

Esto no he visto en la ciudad que me adoptó, en nuestra capital que luce más organizada, más ordenada, pero menos equitativa, aquí creo que se ha perdido la solidaridad, sin darnos cuenta he visto que lo que tanto condenamos a los europeos, a los norteamericanos, eso que llaman el rechazo a los “sin papeles o ilegales”, lo vemos día a día en nuestra ciudad.

“Sin darnos cuenta”, vemos que en nuestra organizada ciudad, hay ciudadanos legales e ilegales y me refiero exactamente a los comerciantes “legales” y a los pobres informales “ilegales.

El envión de la Asamblea que ha caído como balde de agua fría a ciertos alcaldes “intocables” debe servir para reflexionar sobre un eterno drama social y humano que siempre existirá. Y ojala algún día podamos cantar en nuestra capital, “Todo lo que tengo es mi ciudad”.

Marco Antonio Bravo Segovia

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