En la 48a. Conferencia de Seguridad de Múnich se reúnen representantes de la política, la diplomacia y el área de defensa de todo el mundo para elaborar una estrategia de seguridad apta para el nuevo contexto mundial.
El estallido de la revolución en el mundo árabe sorprendió hace un año a los representantes reunidos en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Mientras en esa ciudad alemana el Cuarteto para Cercano Oriente debatía sobre el conflicto de décadas entre israelíes y palestinos sin llegar a generar nuevas ideas, en El Cairo la gente salía en masa a las calles y se producían violentos enfrentamientos con las fuerzas de seguridad de Mubarak.
Análisis de la primavera árabe
Aún era demasiado pronto como para lograr un debate estructurado sobre los sucesos con la participación de los países afectados. Y es justamente eso lo que se “deberá poner al día”, según anunció Wolfgang Ischinger, director de la Conferencia de Seguridad de Múnich. Con ese fin se invitó a delegaciones de altos cargos de Egipto y Libia. También los primeros ministros de Túnez y Qatar participan en la conferencia. Este último será en Múnich un interlocutor muy solicitado, ya que Qatar fue el primer país en solicitar la intervención de soldados árabes en Siria. La escalada de violencia es, asimismo, otro de los temas, así como el conflicto en torno al programa nuclear iraní.
Pero las esperanzas acerca del inicio de una nueva era en el desarme no se cumplieron. En la actualidad, Rusia no tiene la intención de reducir su arsenal táctico de 3.800 armas nucleares, y EEUU se sigue aferrando al suyo. También las negociaciones sobre más restricciones en las Fuerzas Armadas de Europa siguen congeladas.
En la disputa acerca del sistema de misiles de defensa estadounidense en Europa, Moscú sigue exigiendo garantías de seguridad por escrito de Washington. Wolfgang Ischinger se queja del estancamiento en los esfuerzos por lograr una asociación de seguridad con Rusia. “Tanto Occidente como Rusia continúan desconfiando el uno del otro y se juzgan mutuamente, esencialmente según criterios militares”, dice el experto. Un estudio con nuevas propuestas para un sistema de misiles de defensa común, elaborado por especialistas estadounidenses, europeos y rusos, que se presentará durante la Conferencia de Seguridad de Múnich podría ser de ayuda.
A más tardar en la cumbre de la OTAN, los EEUU seguramente reiterarán ante los europeos sus demandas de una distribución más justa de las cargas dentro de la Alianza Atlántica, a las que Europa no cedió hasta ahora.
Y con la crisis financiera parecería que esta tendencia no va a cambiar. Uno de los objetivos de la conferencia en Múnich será generar ideas acerca de cómo hacer de la necesidad una virtud, más allá de la diplomacia económica oficial. Europa debe buscar nuevos “efectos sinérgicos” y, en lo posible, formar “una reserva común de capacidades militares”, señala Ischinger. La realidad es diferente: el liderazgo militar europeo se sigue formando aún en 27 academias militares diferentes. Y la Fuerza Aérea de cada país cuenta con siete tipos diferentes de aviones. A Europa le resulta difícil encontrar una fórmula común para la cooperación militar, dice Götz Neuneck, del Instituto para la Paz y la Seguridad de Hamburgo. “No todos los países necesitan una gran cantidad de fuerzas de seguridad”, dice Neuneck. “Pero claro que hay que ponerse de acuerdo en el marco de una política común exterior y de seguridad, así como de control de desarme”, agrega el especialista. El dictado del ahorro podría obligar a los europeos a la nueva tarea de superar sus egoísmos militares en esa área, opina Neuneck.
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